El arte de saber perdonar solo lo domina una pequeña parte de la población. No es sencillo pedir d… | Elliot's Pins


El arte de saber perdonar solo lo domina una pequeña parte de la población. No es sencillo pedir d…

El arte de saber perdonar solo lo domina una pequeña parte de la población. No es sencillo pedir disculpas, y mucho menos lo es que las acepte la persona ofendida. A veces puede más el ego personal que admitir que hemos hecho algo mal que puede haber afectado a otro. Una vez que hemos asumido nuestra responsabilidad, llega el paso dos, más complicado aun si cabe: pedir perdón. No es sencillo pedir disculpas, y mucho menos que las acepte la persona ofendida. No obstante, existen reglas básicas para salir siempre airoso(a): Lo mejor es que no te extiendas en disculpas muy largas. Es pedante y nada necesario. Además, corres el riesgo de que la otra persona acabe enfadándose más. Un perdón directo y breve es dos veces bueno. Recuerda que la clave es limar asperezas y que la otra persona sabe de tu arrepentimiento, además de allanar el terreno para una conversación futura más profunda. No te conviertas en el protagonista de tu pretexto. No intentes justicarte ni expresar tus sentimientos. Aquí el único protagonista es la persona ofendida, clávatelo a fuego. Frases como “estoy tan avergonzado” o “soy una persona horrible, me siento fatal” no harán más que agravar el problema. Si la parte dañada comienza a sentir la necesidad de consolarte, mal asunto. Solo discúlpate de forma sincera, y guarda tus emociones para una charla posterior. Relacionado con lo anterior, está la necesidad de ser perdonado. Olvídate de decir “¿me perdonas?” o “por favor, acepta mis disculpas”. No estás en condición de exigir nada, recuerda que quien ha fallado aquí eres tú. La parte dañada verá si le sirven tus excusas o no, y debes darle el tiempo que estime necesario. Si solicitas su exculpación, parecerá que solo te has disculpado para sentirte tú mejor. Recuerda que la protagonista es la persona ofendida, y debes hacer que se sienta como tal. Si el perdón no va a buen puerto siempre tienes la opción de pedir que te digan cómo restaurar el daño causado. “¿Qué puedo hacer para corregirlo/remediarlo/compensarlo?” es la frase mágica. Si te dice que no puedes hacer nada, no insistas, retírate. Muchas veces, la persona ofendida solo necesita tiempo para digerir todo y pensar si te quiere seguir teniendo en su vida como antes de aquello. Para pedir perdón de forma eficaz es necesario ser consciente de que se ha hecho un daño importante al otro. Hay que ponerse en su lugar e intentar sentir el dolor que está sintiendo la persona dañada. Si tus disculpas no son sinceras, no servirá de nada. Un perdón de verdad y con sentimiento vale más que diez falsos. Recuerda: solo se trata de ser empático y de que el otro vea que de verdad lo estás sintiendo y te sientes mal por lo realizado. Lo mejor es que no te extiendas en disculpas muy largas. Es pedante y no es necesario. Un perdón directo y breve es dos veces bueno
Al sentido “perdón” ha de sumarse un “no volverá a ocurrir”. La confianza y amor que tenía el otro en ti está dañado por lo que has hecho, y darle un mínimo de seguridad en el futuro le hará más fácil perdonarte. No lo repitas, con una sola vez es suficiente. Y, como hemos dicho, dilo solo si lo sientes de verdad. La parte afectada solo quiere escuchar una disculpa sincera, así que no intentes buscar explicación o excusas que minimicen el daño que has causado. Lo hecho, hecho está, y ahora no es el momento de dar justificaciones. “Lo siento pero no tenía opción” o “perdona pero no pensé que…” es un error garrafal que no hará más que agrandar el entuerto y teñir de falsedad tu excusa. Las explicaciones déjalas para la conversación posterior. Ni pero, ni “si”. “Lo siento si te ha molestado” o “perdona si sientes que fui desconsiderado…” son un error total. Es como si estuvieras diciendo que para ti no es ofensivo lo que has hecho, pero como a la otra persona le ha molestado pues te disculpas. Tu perdón acabará pareciendo super falso. Adopta esta regla de oro del lenguaje no verbal: mostrar la palma de la mano mientras te explicas. Cuando queremos que el otro sepa que estamos siendo sinceros, debemos enseñarle las palmas, un gesto que será interpretado como sinceridad y franqueza. Si estás siendo realmente sincero, este gesto te saldrá solo. Si no, siempre puedes provocarlo para que la otra persona te perdone, aunque, como te hemos dicho, si la disculpa no es sincera, no la hagas. Si has ofendido a un compañero de trabajo no está de más disculparte con un desayuno. Si la lastimada ha sido tu pareja, siempre puedes comprarle unas flores. Llevar una ofrenda aumenta tus posibilidades de ser perdonado por el otro. Es un detalle que refleja interés y arrepentimiento, que la otra persona te importa y que lo lamentas de verdad. No te tomes como algo personal y no acepta el obsequio, pues si te perdona lo acabará haciendo. Rosa ❤ 

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